La inscripción del PIP

El miércoles, 13 de mayo, luego de que se radicaran más de cien mil endosos en apoyo de su inscripción, la Comisión Estatal de Elecciones certificó oficialmente al Partido Independentista Puertorriqueño como partido político por petición colocándolo así una vez más en condiciones de igualdad jurídica con los principales partidos Nuevo Progresista y Popular Democrático.

La recuperación de la franquicia del PIP -gracias al esfuerzo militante de miles de notarios ad hoc y de los cien mil puertorriqueños que dieron sus firmas- constituye un desarrollo político importante con consecuencias reales para el futuro.

Aunque el PIP no necesita de una franquicia electoral para ser un movimiento de liberación nacional, que es lo que ha sido el PIP desde su fundación, su condición jurídica de partido político le facilita a ese movimiento de liberación nacional ejercer una influencia en el país a través de su intervención en la vida institucional y en los procesos electorales. Nos ubica en el corazón mismo del debate público y ante la mirada y los oídos del pueblo puertorriqueño. La inscripción, además, por su propia naturaleza acredita una representatividad incuestionable que –sumada a una tradición partidaria que el próximo 20 de octubre cumple sesenta y tres años- legitima y fortalece nuestra capacidad de interlocución dentro y fuera de Puerto Rico. Ello no significa que el PIP pretenda ser la única voz del independentismo; al contrario, el PIP reconoce la multiplicidad y diversidad del independentismo puertorriqueño auténtico y sus valiosas aportaciones a nuestra lucha a lo largo del tiempo. Esa diversidad de manifestaciones y las diferencias de enfoque en que se sustentan deben respetarse. Resulta de una importancia evidente, sin embargo, que el país y el mundo puedan ver en el escenario político un protagonista institucional independentista no solo coherente, organizado y con unidad de mando, sino que ostente una amplia representatividad acreditada. La reinscripción del PIP, por lo tanto, lo fortalece como movimiento de liberación nacional y fortalece la lucha por la independencia.

Los retos que enfrentamos son formidables pero, a la misma vez, las circunstancias históricas que siempre fueron propicias para el mantenimiento del colonialismo y severamente adversas para la causa de la independencia se han transformado radicalmente. El colonialismo está finalmente desacreditado ante la opinión pública puertorriqueña mientras que al siempre imposible proyecto anexionista se le acerca por fin su momento de la verdad. El agotamiento de ambos modelos, el colonial y el anexionista, habrán de disipar los miedos y las confusiones creadas por el hegemonismo imperial, y nuestro pueblo al fin abrazará la causa de su propia libertad.

Le corresponde al PIP contribuir a acelerar ese proceso de desenmascaramiento histórico del fracaso del colonialismo y de la imposibilidad de la anexión, a la vez que señalar el camino de la independencia. Deberá también ser eficaz combatiente contra los desmanes neoliberales del gobierno de turno que no es otra cosa que la expresión más acabada de la política de entrega del gobierno a los grandes intereses que ha venido poniendo en práctica en Puerto Rico consistente y continuamente desde que la mayoría de los puertorriqueños tiene recuerdo político. El PIP ha denunciado la complicidad del PNP y el PPD en esa política de entrega neoliberal a cada paso, y sin desviaciones. Habremos de seguir a la carga, ahora más que nunca.

Para las luchas que se avecinan el PIP cuenta con una enorme credibilidad y una reputación intachable productos de una historia de dedicación, esfuerzo y tenacidad excepcional. Dispone de una militancia ejemplar distribuida y organizada a través de todo el país que puede dar cátedra de patriotismo y constancia ante la adversidad en cualquier parte del mundo. Su liderato es respetado y reconocido dentro y fuera de Puerto Rico y cuenta no sólo con una dirigencia histórica representada por la figura emblemática de Rubén Berríos Martínez, sino con un excelente cuadro de líderes de las nuevas generaciones probados y experimentados en el crisol de la lucha. Es un lujo poder preciarse de contar con talentos y vocaciones patrióticas como las de Edwin Irizarry Mora, María de Lourdes Santiago, Juan Dalmau o Víctor García San Inocencio. Detrás de ellos hay cientos de líderes locales e intermediarios prestos para las luchas que nos esperan.

Cuando culminen los procesos de evaluación y análisis que hemos emprendido con entusiasmo y esperanza habremos de fortalecer aún más nuestro instrumento político de cara al futuro.

Aquí estamos, y estaremos, hasta la victoria final de nuestro pueblo que será el advenimiento de su independencia.