Hace dos semanas el país recibió la noticia —nada grata— de que varias personas vinculadas a la pasada campaña del Partido Popular Democrático (PPD) fueron arrestadas por corrupción. Las reacciones normales de indignación fueron acompañadas por poses de sorpresa de algunos políticos. Sin habernos repuesto, la Oficina del Fiscal Especial Independiente radicó el pasado miércoles cargos contra el expresidente de la Cámara de Representantes Jaime Perelló.

Ambos casos tienen un denominador común. El primero se relaciona a los miembros del equipo de campaña del candidato popular a la gobernación en los pasados comicios. El segundo tiene que ver con la campaña del entonces candidato a la Cámara de Representantes en el 2012. Son estos los últimos casos que conocemos que se vinculan al sistema de financiamiento privado de campañas políticas. Sin embargo, podríamos extender bastante la lista. Para no aburrir al lector, baste remontarnos a los tiempos de Víctor Fajardo y René Vázquez Botet solo para incluir un par de ejemplos que nos recuerdan que el fenómeno no es novel y que afecta por igual al PPD y al Partido Nuevo Progresista (PNP).

El sistema es tan sencillo como burdo. El financiamiento privado de las campañas permite que personas inescrupulosas donen a un candidato. La expectativa de los grandes colaboradores es que al ganar ese candidato, la “donación” que hicieron tendrá su quid pro quo en forma de contratos, puestos o privilegios. Los candidatos nombran comités de finanzas y tesoreros para fingir que no saben cómo se recauda el dinero. Al cabo del tiempo, acusados sus amigos, fingen sorpresa.

¿Cuántos casos más necesitamos para que haya una reacción que provoque una reforma? ¿Cuántas veces más le aceptaremos la pose de sorprendidos a los que tienen el poder para cambiar las cosas? Hasta los niños, con su gran capacidad de asombro, dejan de sorprenderse ante la repetición de la misma experiencia. La primera vez que el niño mezcla en la escuela dos colores primarios, se asombra de que ha creado un nuevo color. Cuando llega a la casa quizás repita la acción frente a los padres, maravillado por su temprana experiencia de lo que es causa y efecto. Sin embargo, a medida que es testigo de que todas las veces que mezcle esos dos colores primarios, indefectiblemente obtendrá el nuevo color, el asombro ya no será su reacción, sino la certeza de que obtendrá el resultado previsto.

Es hora de que los adultos no acepten que los políticos del PNP y del PPD finjan asombro. El resultado será siempre el previsto: un sistema corrupto conllevará actos de corrupción. El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) desde hace años viene denunciando que el sistema de financiamiento privado de las campañas tiene en sí mismo un germen de corrupción. Ha estado siempre en los partidos de mayoría la capacidad de reformar el sistema para evitar la corrupción y no lo han hecho. Es tiempo de exigirles un nuevo sistema de financiamiento público de las campañas. Es hora de no permitirles que finjan asombro ante el sistema corrupto, que después de todo, existe gracias a ellos.