Conversatorio  Proyecto HR 900 con el Congresista Luis Gutiérrez y  el Profesor Luis E. Romero.  Jueves, 23 de febrero de 2017,  a las 7:00 pm en el Teatro de la Escuela de Derecho en la Universidad Interamericana de Puerto Rico.  #hr900

 

 

Publicado en El Nuevo Día

6 de febrero de 2017

 

 

 

 

Juan Pérez se mira al espejo y ve un ciudadano americano, blanco, de clase media. El mestizo oprimido y pobre debe ser otro. Juan no. Su tez es clara y tiene un pasaporte azul. Los pobres son los que deambulan en las calles.

Es más, Juan no es un trabajador, mucho menos obrero. Es un empleado. Aunque esté desempleado en este momento, él es eso: un empleado desempleado. Los trabajadores son otros, izquierdistas que protestan por cualquier cosa.

Esa enajenación la comparte Juan con la mayoría de los puertorriqueños. Es característica del colonizado que se construye a sí mismo a partir de lo que el colonizador le impone. Ese es el escollo mayor que impide construir el país que queremos en el tiempo récord que lo queremos.

Entonces es que debemos de recordar que las mayorías no construyen nada. Son las minorías las que mueven la rueda. Juan no a mover un dedo por cambiar el país.

Nuestra misión –la de las minorías– incluye ayudar a Juan a liberarse de ese embuste que se ha hecho de sí mismo. Pero no tenemos que esperar por él.

Trabajamos sí para combatir la ignorancia que ha fomentado la deformación educativa deliberada de nuestra gente. Pero pretender esperar a que la mayoría aprenda y concurra para trabajar por la descolonización y construir un nuevo país es pedirnos demasiado.

También lo es pedirnos que esperemos por que los colonialistas definan el ELA mejorado. Han tenido casi sesenta y cinco años para hacerlo y ahora pretenden que detengamos cualquier proceso de libre determinación y descolonización hasta que ellos se definan.

Pues no. Todavía no sabemos cómo va a quedar configurado el nuevo plebiscito que se propone. Pero no es la ñoñería del PPD lo que tiene que determinar si los puertorriqueños ejercemos o no nuestro derecho a ir o no ir a ese plebiscito.

Tampoco el miedo a que la estadidad gane esa consulta. Es más, damos por bueno el augurio de que la gane porque, ciertamente, los independentistas y los soberanistas populares somos dos minorías.

Pero hasta una minoría de uno puede ser formidable con una buena estrategia. Dos minorías de cuatro gatos pueden dañarle una noche a cualquiera.

Yo les hablo de la minoría mía. Cuando nos dicen que hemos fallado en convencer a la mayoría a favor de la libertad tienen toda la razón. Hemos fallado malamente. ¿Y? Los estadistas y estadolibristas que son las mayorías del país han fallado en traer la estadidad y en mejorar el ELA, y nadie se los reprocha con el desdén que se le reprocha a los independentistas no haber traído la independencia.

Cuando nos dicen que hay que ir primero a la base a construir la libertad desde abajo y no lo hemos hecho bien, tienen razón. No lo hemos hecho nada bien aunque ciertamente hayamos ido –y sigamos yendo- a la base. Aunque nos esgalillemos tratando de convencer a la mayoría y combatiendo el menosprecio y la invisibilidad.

Sí, seguimos trabajando como hormiguitas y no avanzamos mucho. El espejo de Blancanieves en el que se mira Juan nos sigue ganando.

El poder del colonizador y los colonialistas que le asisten es un monstruo grande y pisa fuerte. Se te sienta encima como un peleador de sumo, te aplasta los pulmones, te agarra por el gaznate, y entonces te pregunta por qué no respiras.

Pero somos una minoría feroz que no han podido aplastar. Que le reprochen a su abuela. Que cuenten las agallas que tenemos. Esas sí que son muchas más. Nosotros sí que no nos quitamos.

Somos la energía que mueve la rueda. Agrietamos el espejo. Y si nos unimos, lo rompemos.

 

Enlace http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/elespejo-columna-2287839/

 

 

 

 
 
 
 
por Juan Dalmau
Publicado en Metro PR
20 de enero 2017
 
En estos primeros 18 días, además de cumplir mi función de legislar, he ejercido intensamente mi rol fiscalizador y de oposición al denunciar y hacer frente a la nefasta política pública que pretenden implementar el ejecutivo y la mayoría parlamentaria del PNP vía fast track.
 
El Partido Nuevo Progresista (PNP) está transitando la vía del neoliberalismo que pavimentó el Partido Popular. Ante la crisis, las medidas, durante el pasado cuatrienio, fueron dirigidas a menoscabar el empleo y los derechos de los trabajadores públicos, a reducir servicios gubernamentales y a elevar a rango de principio el dogma de la privatización como panacea para resolverlo todo. El actual gobierno del PNP, actuando como discípulo aventajado del PPD, en sus primeras medidas aprobadas ha dado indicios de que va a continuar de manera mucho más intensa la ofensiva neoliberal de privatizar activos del Gobierno, desmantelar la función pública y menoscabar derechos laborales so color del "desarrollo económico".
 
La primera medida aprobada y convertida en ley -con nuestra oposición- flexibiliza las condiciones mediante las cuales se realizan las mal llamadas alianzas público-privadas (APP). En el mundo la creación de nuevos activos, para gobiernos en crisis fiscal, se fundamenta en alianzas en las que el sector privado crea nuevos activos que un término plazo revierten al pueblo. En Puerto Rico, la realidad es que las mal llamadas APP no son otra cosa que el desmantelamiento y privatización de activos ya existentes y que resultan ser los que más ganancias e ingresos le generan al fisco. Ejemplo de ello fue la privatización, mediante una APP, de nuestro principal aeropuerto, que dentro de la estructura de la Autoridad de Puertos era la única empresa gananciosa.
Igualmente nefastos resultan ser los proyectos aprobados en la madrugada de ayer jueves, con los cuales el Gobierno del PNP sigue al pie de la letra la receta que expidió la Junta de Control Fiscal, la cual escasas horas antes planteó la reducción de $1,000 millones del presupuesto de Salud, $300 millones de la UPR, entre otros. Me refiero a los Proyectos de la Cámara 451 y 453. El P. de la C. 451 es la versión del PNP de la Ley 66 del PPD, pero en combo agrandado. No solo retiene los elementos dañinos al sector público de la Ley 66, sino que, además, otorga más facultades al ejecutivo para dejar en suspenso convenios colectivos, suspender aumentos de sueldo negociados y controlar las juntas de gobierno de agencias y corporaciones públicas, entre ellas la UPR, al gobernador poder remover de su puesto a la mayoría de los miembros de una junta que no respondan a su visión de gobierno y atente con el cumplimiento y los designios de la Ley PROMESA.
 
El P. de la C. 453, mal llamado reforma laboral, se trata de una embestida patronal trabajada en los cuartos oscuros de privilegiados bufetes de abogados privados que responden a intereses corporativos y empresariales locales y extranjeros. Esa ley menoscaba derechos de los empleados privados, que representan el 68 % de nuestra fuerza laboral, afectando la adquisición del bono navideño, limitando protecciones contra despidos injustificados y aumentando significativamente los periodos probatorios. Esta, fundamentalmente se sostiene sobre la base, según sus propios proponentes, de que el empleado privado es ocioso porque se siente con derecho propietario sobre su trabajo. Esa visión retrógrada de algunos fomentará mayor éxodo de trabajadores, empobrecerá al sector mayoritario laboral del país y reducirá el flujo de dinero para la adquisición de bienes y servicios, lo que profundizará aún más nuestra crisis económica, ya en su décimo año de contracción.
 
En fin, las medidas adoptadas imponen la ley de la jungla: el más grande se come al más pequeño, el más fuerte económicamente engulle al más débil laboralmente. Ante los retos, la batalla continúa.

 

 

Por Rubén Berríos Martínez 

Publicado en El Nuevo Día

27 de diciembre 2016

 

Han transcurrido 71años desde que el liderato máximo del PPD decretó incompatible ser miembro de ese partido y del Congreso Pro Independencia.

En Puerto Rico prevalecía el independentismo pero despuntaba la Guerra Fría y para Estados Unidos nuestra independencia era inaceptable.

En 1946, fiel al libreto, la Legislatura del PPD para aplacar su sector más radical aprobó un proyecto de plebiscito entre independencia, estadidad y un dominio tipo Canadá. El gobernador americano impartió su veto, la Legislatura pasó sobre el mismo y el presidente Truman lo vetó declarando que solo estaban disponibles reformas a la Ley Orgánica.

 

El PPD se dividió entre los que acataron la voluntad norteamericana tomando la ruta colonial del ELA y los que se unieron a don Gilberto y otros patriotas para fundar el PIP en 1946. En 1947 el Congreso aprobó la Ley del Gobernador Electivo y en 1948 la Legislatura la Ley de la Mordaza.

Siguieron décadas de persecución, criminalización y propaganda antiindependentista; y en 1950 el Partido Nacionalista bajo el liderato de Don Pedro –tras años de prisión– reivindicaba la insurrección anticolonial.

 

Desde entonces, cambios trascendentales: en 1989 acabó la Guerra Fría; la economía mundial se ha internacionalizado; el colonialismo prácticamente ha desaparecido y aquí está quebrado económica, política y socialmente, mientras el país se vacía.

 

El movimiento estadista ha experimentado un crecimiento sustancial. El PPD –reducido su apoyo electoral–ha mantenido buena parte de la “masa sana” del autonomismo de la que hablaba Martí, y que rechaza la asimilación. Y el independentismo se mantiene perseverante contra viento y marea como fuerza con personalidad propia, influyente y respetada.

 

Además, ha ocurrido una serie de importantes acontecimientos: el proceso congresional del 1989-1991 evidenció que la estadidad es inaceptable para EU y reconoció la independencia como alternativa viable; del 1999 al 2003 Vieques y la retirada de la Marina; los Informes de Casa Blanca del 2005, 2007 y 2011 reafirmando el carácter colonial del ELA; el repudio plebiscitario a la colonia en el 2012; el desahucio oficial del ELA en 2016 por el gobierno norteamericano con el caso Sánchez Valle y la Ley de Control Fiscal; y, el ampliado respaldo a nuestra descolonización e independencia en la ONU y la CELAC.

 

Cobran vigencia las palabras del presidente de la Internacional Socialista, Willy Brandt, cuando me informó en Estocolmo en 1989, que por primera vez durante una reunión con el Secretario de Estado norteamericano este no cuestionó la relación de la IS con el PIP: “Tengo buenas noticias. Estás empujando una puerta abierta”

 

Las relaciones coloniales dependen de los intereses que las determinan, de la geopolítica internacional, la coyuntura histórica y la correlación o desproporción de fuerzas entre colonia y metrópoli. Brandt conocía esa verdad. Por eso en Puerto Rico, respecto al estatus, las mayorías y minorías son cuestión de tiempos y circunstancias.

 

En estos nuevos tiempos hay que lograr lo que en la post guerra no se pudo y, manteniendo nuestras particulares identidades, anclados en nuestra inquebrantable nacionalidad, construir el futuro con los que creemos en la soberanía nacional, unos a través de la independencia y otros de la libre asociación. A esa aspiración le llegó su tiempo.

 

Recuerde a Martí la “masa sana” dentro del PPD: “La autonomía fue para Baldorioty… el modo de congregar en acuerdo con su geografía e historia, las fuerzas irreductibles del país… a fin de que pudiesen buscar una forma más feliz el día en que se comprobara la insuficiencia y falsedad de la autonomía…”. Recuerden los independentistas la consigna irlandesa: “La libertad para obtener la libertad”.

 

Los días de la colonia están contados y la Estadidad no es solo perjudicial para Puerto Rico, sino inaceptable para EU por ser contraria a sus intereses.

 

Brandt lo sabía: la puerta está abierta; y Martí anticipó este momento: hay que “buscar una forma más feliz”. El camino de la libertad ha sido largo y falta por andar, pero llegamos, llegamos.

 

 

Se nos fue “más allá de la puertas del misterio” el entrañable amigo y patriota ejemplar, el Dr. Luis Pío Sánchez Longo; hombre generoso y amable, líder y militante independentista firme y consecuente, médico y profesor prestigioso y compasivo, católico de fe y de acción.

 

A Isis que ya lo acompaña, a su familia íntima, hijas e hijos, nietas y nietos y a su familia extendida que tantos son, nuestro abrazo. “Qué triste, qué solos” nos quedamos acá.

 
 
Presidente ejecutivo del PIP
Publicado en El Nuevo Día
27 de noviembre 2016
 
 
Aún a los que somos ya viejos se nos hace difícil recordar una América Latina que no tuviera la impronta de Fidel Castro y la Revolución Cubana.  Pocas veces puede decirse con tanta corrección que todo un ciclo histórico esté tan profundamente marcado por la inteligencia, la valentía, la perseverancia y la audacia de una sola persona como es el caso de la América Latina y el Caribe y del autor del ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.
 
Al derrocar a Batista a Fidel Castro se le abrieron dos caminos.  Pudo haber escogido la ruta del reformismo con el apoyo de las clases dominantes y el respaldo incondicional de Estados Unidos.  Los gobiernos de la región lo hubieran recibido con brazos abiertos, y hubiera tenido ante sí un comodísimo futuro personal y político de éxitos ininterrumpidos sin otra preocupación que la de administrar con docilidad los intereses de los Estados Unidos y de las clases propietarias en aquella isla superdotada por la naturaleza y tan tentadoramente cerca de la Florida.
 
El camino alterno era uno mucho más atrevido, colmado  de peligros, e infinitamente más difícil. Era el de hacer una revolución social verdadera, creando una sociedad igualitaria que hiciera de la palabra democracia no una mera consigna sino una realidad social.  Pero no se trataría tan sólo de lograr la creación del socialismo en Cuba sino de ser promotores y aliados de esos objetivos revolucionarios en toda América Latina y en el resto del Tercer Mundo.
 
La ruta revolucionaria supondría la confrontación con Estados Unidos y convertirse en el blanco de la ira y la agresión de Estados Unidos.  Cuando digo agresión contra Cuba estoy hablando de invasiones y ataques militares, y cuando digo ira contra Fidel me refiero a múltiples intentos documentados de asesinarlo.  Más de cincuenta años ha durado el asfixiante bloqueo económico.
Esa lucha titánica por preservar la soberanía de Cuba frente a Estados Unidos se convirtió en la lucha por el derecho a la soberanía de América Latina y el Caribe y su derecho a la libre determinación e independencia tantas veces violentado por Estados Unidos.
 
Hasta África llegó el brazo solidario de la Revolución donde las tropas internacionalistas cubanas en Angola fueron decisivas en descolonizar a Namibia y romperle el espinazo al régimen del apartheid en África del Sur.  En la América Latina no hubo país donde los luchadores por la dignidad y la justicia social no recibieran de Cuba apoyo, solidaridad e inspiración.
 
Tuve la suerte de conocer a Fidel y estar con él en varias ocasiones cuando acompañé a Rubén Berríos a La Habana;  en dos de ellas pudimos conversar los tres por muchas horas en las que nunca cesó de sorprenderme su conocimiento preciso sobre Puerto Rico y la intensidad de su compromiso con la causa de nuestra independencia.  A la herencia martiana Fidel añadía su profundo acervo geopolítico en el cual enmarcaba su visión estratégica sobre nuestra lucha. Nunca dudó de la inevitabilidad de nuestro triunfo.  Cuando una vez le agradecí el apoyo de la Revolución a nuestra independencia me reprochó diciendo que “era Cuba quien estaba en deuda con Puerto Rico pues mientras cientos de puertorriqueños habían luchado en la manigua en la guerra de independencia ni un solo cubano había muerto por la independencia de Puerto Rico”.
 
Fidel nos dejó a todos un legado que no tiene precio.  La posibilidad de una América Latina y el Caribe unida en libertad y justicia haciéndole contrapeso a unos Estados Unidos imperialistas está a nuestro alcance si se cultivan las virtudes de constancia, dedicación y coraje que hicieron posible los logros de la Revolución Cubana y que encarnó el liderato inmortal de Fidel Castro.  Ahí estará Puerto Rico.