Puerto Rico: la hora de la verdad

 

Por Ricardo Alarcón de Quesada

 

Cubadebate  19 julio 2016  

A mediados del pasado siglo la diplomacia estadounidense se anotó uno de sus mayores triunfos. Hizo creer al mundo que Puerto Rico había dejado de ser una colonia para transformarse en un ente extraño al que nombraron “Estado Libre Asociado (ELA)”. Se dijo entonces que la isla después de alcanzar plenamente su autonomía decidió suscribir con su antigua metrópolis un pacto libremente convenido entre iguales.

En su momento el engendro fue presentado como punto de referencia, como modelo a seguir por otros. El territorio fue invadido por capitales norteños que se beneficiaron de privilegios y exenciones impositivas y exhibió índices de crecimiento notables. Se hablaba incluso del “milagro” económico puertorriqueño.

La realidad profunda iba por otros caminos. Las producciones autóctonas -la agricultura, la industria, los servicios- fueron aplastadas por las del poderoso “socio”. Para muchos emigrar a Estados Unidos fue la única salida mientras su tierra se extranjerizaba sin remedio. El incesante éxodo muestra cifras elocuentes, quedan en la isla alrededor de 3 millones de habitantes mientras ya son 5 millones los que malviven en la Norteamérica que los discrimina y desprecia.

Para imponer ese modelo Washington persiguió con saña a los nacionalistas e independentistas. La “vitrina democrática” negaba al pueblo su derecho inalienable a la libertad y para ello recurrió a todos los métodos entre los que no faltó la violencia represiva

Los patriotas no cesaron nunca en su lucha por la independencia y se empeñaron por desenmascarar la farsa colonial y alcanzar la indispensable solidaridad internacional. Lo hicieron con tenacidad admirable en la Organización de Naciones Unidas desde que la ONU, en 1960, proclamó el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación e independencia. Consiguieron desde 1973 que el Comité de Descolonización favoreciera su reclamo año tras año.

Entretanto el diseño económico del ELA entró en una crisis cada vez más profunda y encara hoy la bancarrota y la insolvencia. Las autoridades locales -el Gobernador y la Asamblea Legislativa- trataron de encontrar soluciones imaginando que tenían potestad para hacerlo y que podrían contar con el apoyo de quien se suponía era su “socio”.

La verdad, sin embargo, se impuso de modo sorprendente y brutal. En pocos días, casi al mismo tiempo, el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el Congreso Federal y el Presidente Obama lo dijeron alto y claro para que todos lo entiendan: Puerto Rico carece de soberanía propia, no es más que un territorio colonial y está completamente sometido a las decisiones de su dueño. Y para que nadie se confunda promulgaron una ley creando la Junta de Control Fiscal. Sus siete miembros, designados por Washington, se encargarán de administrar y dirigir la colonia.

La indignación generalizada estalló con fuerza este verano en la sesión del Comité de la ONU. Allá fueron decenas de representantes de todas las tendencias y todos los sectores de la sociedad incluyendo al Gobernador García Padilla.

El Comité además de aprobar una vez más la Resolución que sostiene el derecho a la independencia de Puerto Rico, dio un paso adelante y por unanimidad decidió encargar a su Presidente que promueva un diálogo entre Washington y los boricuas para lograr la descolonización de la isla. De ese modo se ofrece una salida constructiva que Obama debería aprovechar. Habiendo reconocido que engañó al mundo y que Puerto Rico es aun la principal colonia del planeta, Estados Unidos tiene la obligación ineludible de poner fin a una situación violatoria del Derecho Internacional que ha durado ya demasiado tiempo.

 

 

Puerto Rico: la crisis desnuda pasadas mistificaciones-La Estrella de Panamá, viernes 8 de julio de 2016

Diez años de recesión remataron en la insolvencia del Gobierno de Puerto Rico y la quiebra de la economía del país

Nils Castro

 

Diez años de recesión remataron en la insolvencia del Gobierno de Puerto Rico y la quiebra de la economía del país. El drama boricua empezó antes que la crisis global que, en 2008, emergió en Wall Street, y ahora contribuye a hacer más transparente pero más implacable la situación de la isla. Para ser más exactos, ahora destapa el fracaso fiscal y económico del régimen colonial, tragedia en la que ese régimen ha atrapado a la nación puertorriqueña y hace imposible resolver el problema mientras el mismo subsista.

 

La situación, entre otras consecuencias, no solo disparó la pérdida de empleos y el deterioro de los ingresos personales, sino la mayor estampida migratoria que la isla haya sufrido y el colapso de sus instituciones. Por ejemplo, las familias quedan sin seguro de salud y los hospitales sin insumos, y solo en el año 2015 más de 3000 médicos abandonaron el país. Un efecto de ese colapso en el campo sanitario es la proliferación del virus del Zika que, a su vez, amenaza al turismo, rubro que aún funcionaba.

 

La deuda pública del Estado Libre Asociado pasa de 72 000 millones de dólares, según su Gobierno. Viene de que por más de una década ese Gobierno financió sus actividades contrayendo deudas, hasta agotar su crédito. Con una reacción demasiado tardía, ahora el Congreso de Washington ha creado una Junta de Control Fiscal para reestructurar esa deuda y reordenar la administración de la economía del país.

 

Los integrantes de la Junta serían nombrados por la Casa Blanca, y su prioridad será garantizar el pago de la deuda a los bonistas de Wall Street, incluso en detrimento de los servicios a la población de la isla.

 

Esta Junta tendrá la facultad de aprobar el presupuesto, la emisión de leyes y las inversiones en infraestructura por encima de los órganos y autoridades electos del Gobierno local y de la opinión pública boricua. Es decir, representa la intervención directa de Washington en el manejo de las funciones medulares del Gobierno puertorriqueño y la cancelación de su supuesta autonomía.

 

Esto exhibe al llamado Estado Libre Asociado (el ELA) como una farsa y hace ostensible la relación que de veras existe entre ambas partes.

 

Como observa el líder independentista Rubén Berríos, mientras el interés de Estados Unidos era multiplicar la dependencia y los préstamos para mantener esa colonia a flote, el ELA prevalecía. Pero ahora su prioridad es cobrar dichos préstamos.

 

Tarde y mal salen a despotricar contra la Junta los líderes y candidatos de los dos partidos tradicionales del sistema colonial, el autonomista Partido Popular Democrático (PPD) que busca mantener el estatus colonial del ELA como un territorio que pertenece a Estados Unidos sin ser parte de ese país; y el anexionista Partido Nuevo Progresista (PNP) que aboga por convertir a la isla en un estado de los Estados Unidos.

 

Ambos ven la Junta como un escollo, el primero porque reduce el Gobierno a un mero monigote pintado en la pared, y el segundo como un desvío que los aleja del propósito de ser parte de la Unión norteamericana.

 

Para decepción de los autonomistas del PPD, Washington no decidió sacarle las castañas del fuego al sistema endeudado sino tranquilizar a los acreedores. El discurso de que harán lobby por continuar siendo un ELA sin Junta pertenece a tiempos pasados; al final de cuentas, un colonialismo sin Junta fue, precisamente, lo que hundió a la isla y su pueblo en su presente crisis.

Y por lo que se refiere a los anexionistas del PNP, integrar a Puerto Rico como nuevo estado de la Unión está muy lejos de interesarle a los norteamericanos. Sin importar cuánto pudieran votar los isleños por hacerse parte de Estados Unidos, ningún Gobierno ni congreso de Washington —ni la mayoría de sus electores— estarán dispuestos a admitir a una isla latina y quebrada en su Unión. Esa no es una alternativa que dependa de los electores boricuas, como tampoco dependería de los votantes mexicanos o los centroamericanos.

Trasnochadas mistificaciones. Como señala Berríos, la causa del problema no es la Junta sino el régimen colonial; rechazar la Junta es necesario pero eso dista de ser suficiente.

 

La cuestión radica en que la comedia política del ELA, cuya evolución lo ha convertido en tragedia, no cabe entre las opciones viables del Siglo XXI.

El Estado Libre Asociado es un fantasma de tiempos ya concluidos. La única opción real es pactar un proceso descolonizador conducente a hacer de Puerto Rico una república independiente, soberana y sostenible. Salida que, por otro lado, ya dejó de contradecir los intereses norteamericanos, y ayudará al Washington actual a resolver un problema que hoy solo puede agravarse.

 

ANALISTA INTERNACIONAL.

 

Es muy difícil de olvidar esa fecha, debido a que nos encontrábamos realizando obediencia civil (no desobediencia) en la playa de Vieques en esa semana de junio de l999 y nos sorprendió una inesperada tormenta, que no estaba anunciada, a eso de las ocho de la noche, que nos voló el campamento en la primera ráfaga. El mar enfurecido nos arrastró, con su oleaje, todo lo que teníamos y sólo pudimos salvar la caseta principal, que era nuestro sitio de reuniones. Éramos siete hombres y cuatro mujeres. El agua nos llegaba al pecho, pero nos agarramos a los tubos de aquel fortín nuestro, con una fuerza y decisión increíble, como si lo que nos estuvieran tratando de arrancar de nuestras manos fuera la Patria y, poco a poco, logramos llevarla a sitio seguro, un árbol frondoso que nos sirvió de salvación. Te recuerdo, Rubén, infundiéndonos ánimo. Los once juntos, luchando contra aquellas fuerzas de la naturaleza, unidos con la fe de que no nos iban a derrotar Siempre perdimos uno de los tubos, pero vencimos. Nunca olvido tus palabras, hermano Rubén, ¨ con lo poco que nos quede mañana reconstruimos el campamento. Así mismo haremos con la Patria."

Al otro día, a las diez de la mañana, habíamos recogido lo que el viento nos había llevado y levantamos el campamento. Después del mediodía, con el mar encrespado, apareció una yola de pescadores, con Horacio Olivo, Nelson del Castillo, Osvaldo Ríos, Reymundí, Daniel Rivera y su mamá, Andrés Jiménez y su compañera, para saber de nosotros, que habíamos estado incomunicados durante la noche.

Recuerdo que teníamos un bizcocho de frutas y, nos pusimos de acuerdo algunos de los compañeros " residentes", y te dimos la sorpresa, Rubén, cantándote el feliz aniversario. Fueron inevitables tus lágrimas de agradecimiento. 

Aún hay personas que piensan que tú fuiste a pasar unas vacaciones de  playa. Yo sé lo duro que te fue la cárcel y lo injusto que han sido contigo, pero hay que vivirlo para adquirir conciencia del sacrificio que conlleva esta lucha. Estamos cerca del final, tu constancia ha sido uno de los pilares para que esto se realice. Recibe mi abrazo fraternal y que Dios te conceda muchos años de vida. UNIDOS VENCEREMOS.