Como “metáforas” ha dicho un prominente analista político que el ex gobernador Muñoz Marín otrora caracterizaba términos como “defensa común” y “mercado común” al referirse en privado a esas presuntas cualidades de la metáfora mayor que ya inició, bajo la rúbrica de “ELA”, su vergonzosa existencia cincuentenaria.

Las metáforas son como los poetas: las hay buenas, como las de Neruda; y las hay mediocres, como ésas de Muñoz. Las buenas metáforas nos ayudan a entender y trascender el sentido ordinario de las palabras para lograr con mayor claridad nuestra comprensión de la realidad. Las malas, por el contrario, ocultan el sentido real de las palabras y tergiversan la realidad. Entonces se constituyen en la hipocresía del poeta.

Ejemplo de buena metáfora es aquel verso del Poema XX de Neruda, “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”, que nos da un atisbo de cómo se entrelazan en los procesos humanos la alegría y la tristeza, la esencia y la existencia, la continuidad y el cambio. Ejemplo de la hipocresía del poeta es constituirse, como Muñoz, en “Panfletista de Dios”, cuando con “Dios” se significa el poder militar que se acata dócilmente como destino fatal de la colonia.

Recientemente ha salido a la luz pública un Memorial de 1945 de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que, como en el caso de las Filipinas, requería para Puerto Rico la creación de un “commonwealth” previo a una soberanía que nunca nos llegó. El “commonwealth” de ese Memorial de 1945 fue lo que se instaló como ELA en 1952, exponiendo la deshonesta metáfora muñocista de “defensa común”. Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos exigieron ese ELA para asegurarse el uso irrestricto de los poderes de soberanía sobre Puerto Rico. De éstos, en el contexto de la lucha por la paz en Vieques, cabe destacar el aseguramiento de privilegios exclusivos para las Fuerzas Armadas usar como les venga en ganas, a perpetuidad y de manera preferente e irrestricta, las utilidades públicas y todas las facilidades de transporte aéreo, marítimo y terrestre; y la fijación de jurisdicción de la corte federal para proteger las instalaciones militares y a sus encargados.

La hipocresía se agiganta cuando la metáfora de “defensa común” confabula con la de “mercado común”, hoy bajo la sinécdoque colonial de enmiendas a “la 956”. El proyecto mimado de la señora Calderón en el Congreso estadounidense es, según algunos de sus apologistas, una progenie clonada de la vieja sección 936 del Código federal de Rentas Internas. Como con aquella derogada sección, pretenden hacernos creer que su nueva reencarnación trae la bonanza que nunca existió – excepto como metáfora mala. Pretenden hacernos obviar que, aun bajo la 936, el crecimiento del Producto Bruto Nacional de Puerto Rico en 1982 fue de –3.8%. Pretenden hacernos olvidar que, cuando Puerto Rico todavía era competitivo en la manufactura, en enero de 1983, bajo la 936 el desempleo oficial en Puerto Rico alcanzó un 25.3%.

Hoy en día, el gobierno de Puerto Rico admite que es necesario hacer a Puerto Rico económicamente competitivo con países como Singapur, Irlanda, Malasia y muchos otros países pequeños que han sobrepasado al ELA colonial en su crecimiento económico. La perversidad de la metáfora es pretender que creamos que Puerto Rico no necesita los poderes que han hecho a estas naciones independientes más competitivas. Algunos hasta alegan que ello se debe a que éstas pagan salarios míseros, obviando que en Singapur, por ejemplo, el ingreso bruto por persona es tres veces el de Puerto Rico.

El Memorial de 1945 coincide con el relato que en 1978 me hizo en Washington un viejo agente de la diplomacia estadounidense, Ben Stephansky, íntimo amigo del fenecido presidente Franklin Delano Roosevelt y ferviente admirador de Muñoz Marín. Según Stephansky, alrededor de la época del Memorial, había acompañado a Muñoz en una visita a Casa Blanca a una reunión con Roosevelt. Me describió con admiración cuando éste le comunicó tajantemente a Muñoz que debía olvidarse de la independencia para Puerto Rico, aún después de la Segunda Guerra Mundial:

“Vi cómo la hermosa cara de aquel hombre se llenó de lágrimas ¡Y bajó la cabeza y lloró amargamente!”

No tengo por qué dudar del relato que el propio narrador recordaba con emoción que, aun si fuera un recuento metafórico, apunta a una realidad más profunda. De ahí en adelante, el gobierno permanente de Estados Unidos a través de los sucesores de Roosevelt siempre apoyó a llorones cabizbajos en Puerto Rico para gobernar la colonia de diseño militar. El relato de Stephansky trata de la falta de valentía de un hombre que optó por esconderse detrás de metáforas malas que disimulaban el bocabajismo colonial, por carecer de la valentía que le sobró siempre a un Pedro Albizu Campos y sus sucesores en la lucha por la libertad contra los intereses militares estadounidenses.

Ciertamente, al día de hoy continúa la poesía mediocre en otro gobierno más que pretende ignorar la nueva realidad global y la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo integrado. Cualquier metáfora mala, como la 956, meramente mantendría a Puerto Rico en igualdad de condiciones con la impotencia de las demás posesiones de un país cuyo Congreso puede derogar cualquier paliativo económico, como hizo con la 936.

Pero la hipocresía del poeta realmente se trasluce cuando, en esas vueltas que da el mundo, el sol espanta las tinieblas y revela sin misericordia la perversidad escondida. Sin la soberanía nos quedaremos cortos para competir con países independientes y atraer inversiones extranjeras, a la vez que seguiremos sirviendo de playground para los abusos de la Marina.

Pero hoy el mundo ha cambiado. Culebra y Vieques han demostrado que, como decía don José de Diego, Puerto Rico también es parte de la bola del mundo. En Culebra sacamos a la Marina y empezamos como pueblo a darnos a respetar. El desafío de nuestros presos políticos a leyes injustas y el triunfo de la opción de paz en el referéndum del 29 de julio en Vieques demuestran que ya no bajaremos la cabeza para llorar amargamente ante la tiranía. Como dijo Rubén Berríos durante su último arresto en Vieques, “Esto es otro Puerto Rico”.

Por eso “Vieques-es-Puerto-Rico-y-Puerto-Rico-es-Vieques” es una buena metáfora de cómo se entrelazan en nuestros procesos la alegría y la tristeza, la esencia y la existencia, la continuidad y el cambio. Con Vieques hemos empezado a trascender y a transformar nuestra realidad. Y en estos tiempos, como decía el buen poeta, “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos.”