SABIA QUE la esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad progresiva del sistema nervioso central. Nada más. Lo que nunca pensé es que algún día la padecería.

AUN RECUERDO el adormecimiento en las piernas después de una fractura del cóccix en una accidentada travesía en 1999 a la Playa Concepción de Gracia en Vieques, donde el presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Rubén Berríos, y otros demostraron con la desobediencia civil por más de un año que los abusos del "Navy" eran innecesarios para la defensa de Estados Unidos. Recuerdo un episodio de diplopia (visión doble), que me ocurrió durante el debate televisado de los candidatos a Comisionado Residente durante las pasadas elecciones, mientras debatía contra... ¡cuatro! -dos "aníbales" y dos "romeros". Y no puedo olvidar el agotamiento físico tras las interminables e innecesarias sesiones especiales de la legislatura convocadas hasta el mismo 30 de diciembre del año pasado.

Entonces me empeñaba en pensar que eran meros síntomas de mis esfuerzos en pro de la buena batalla del PIP por la afirmación nacional, la justicia social y un gobierno limpio, fácilmente despejables por un descanso posterior al año electoral. Sin embargo, a los pocos meses, dos cosas igualmente preocupantes se hicieron evidentes.

En primer lugar, el adormecimiento en las piernas se extendió a mis manos, y ambos síntomas se agravaron con un creciente desequilibrio físico. Y en segundo lugar, la pusilanimidad creciente de la actual administración en torno a Vieques y la afirmación nacional, su defensa de los grandes intereses mediante propuestas enmiendas al Código federal de Rentas Internas a expensas de decisiones necesarias para nuestro desarrollo económico, y la alarmante corrupción gubernamental, evidenciaron el continuado deterioro crónico de nuestra subordinación política. 

A raíz de mi reciente diagnóstico y tratamiento, sé que la EM ocurre -aunque todavía no se sabe por qué- cuando la mielina, la "envoltura" de las fibras del sistema nervioso central, disminuye y se desgasta progresivamente. Y ya sé que algunos síntomas iniciales de esa desmielinización son los que experimenté.

Pero se me ocurre que lo que pasa en Puerto Rico es esclerosis nacional (EN) cuando, por los continuos y crecientes atropellos a nuestra dignidad por parte del gobierno de Estados Unidos y su Armada que nuestros gobernantes aceptan sumisos, hay quienes pierden la sensibilidad para que no duela tanto. Esto ocurre naturalmente cuando un pueblo como el nuestro le brinda su confianza a personas obstinadas, pero débiles de principios -como aquél que sobre Vieques dijo, "Don't push it"; y de un empujoncito cayó de pecho en los brazos de la traición. O como la otra más reciente quien, por incompetencia, inconstancia y cinismo político ha renegado de la bandera de "ni un tiro más" a la que se abrazó por conveniencia puramente electoral, acurrucándose luego con lo que antes denunció como traición, sin atreverse a confrontar la confabulación de un referéndum amañado al que alegaba oponerse.

En el caso de la EM y en el de la EN, tan desconsolador puede ser el diagnóstico como devastadora la enfermedad. La desmielinización del sistema nervioso y la del sistema político pueden acelerar el deterioro de la calidad de vida de un individuo o de un país, llegando a veces a la parálisis. Por eso hay que luchar contra ambos procesos.

Afortunadamente en mi caso, he respondido bien al tratamiento de excelentes médicos puertorriqueños, así como de un genial alemán, un puntilloso israelí y otros, incluyendo los estudiantes de medicina de la Universidad de Harvard, que me asistieron en la ciudad de Boston, donde fui transferido para consultas. A través de ellos, todos, me eduqué para saber que a pesar de los sinsabores que de por vida conlleva un diagnóstico de EM, el espíritu de combatividad y el deseo de sobreponernos ayudan enormemente a mantenernos como entes útiles y productivos. Así también ocurre con los pueblos en que no se pierde la capacidad de indignarse ante la esclerosis nacional que encarnan sus deteriorados gobernantes de empedernida insensibilidad.

Me enteré, además, de que se ha descubierto un proceso espontáneo, aunque lento, de "remielinización" natural del sistema nervioso. La cura a la condición física de los que padecemos de EM está por tanto en manos de que otros logren esa remielinización.

En el caso de la EN es necesario implantar otro proceso de remielinización -uno de dignidad y afirmación nacional para nuestro sistema político. Afortunadamente, ese proceso es el que está en manos de "nosotros, todos", como le ha llamado Rubén Berríos. No deben esconder su servilismo colonial los gobernantes de turno, ni tras su soberbio empecinamiento seguir aplazando toda discusión de status, como la actual gobernadora, detrás de la difusa excusa del uniforme de preso federal que Rubén Berríos honró por cuatro meses. Ni pretender justificar su reaccionaria propensión al estancamiento económico resultante de la ausencia de poderes soberanos porque haya habido terrorismo en Nueva York, en Madrid, en Beirut, en Afganistán o en Vieques.

APESAR DE las dificultades, tenemos que educarnos por el camino expedito de nuestra vocación de pueblo que quiere seguir siendo puertorriqueño, luchar con dignidad y sobreponernos, nosotros, todos, a la debilitante esclerosis nacional del coloniaje en el siglo XXI.