Rubén BerríosA las ideas políticas correctas les llega su tiempo. Que les llegue depende de la constancia con que se mantengan ante la adversidad y de las circunstancias que les permitan germinar. Ya se ha dicho: el ser humano hace su historia pero en condiciones dadas y determinadas.

Así sucedió en Vieques. Así comienza a suceder, tímidamente, con la imposición de tributos a las corporaciones extranjeras exentas.

En Puerto Rico a la libre determinación también le ha llegado su tiempo. En gran medida porque sin resolver el status, sin alterar el actual modelo económico en bancarrota y su secuela de estancamiento crónico y descomposición social, estamos condenados a la emigración, la dependencia extrema y la marginación.  Se impone una estrategia innovadora para salir del laberinto del status, para que nuestro pueblo pueda mirar al futuro con esperanza.

El PNP, está comprometido con “una consulta directa al pueblo sobre el status”.  El Comisionado Pierluisi propone un plebiscito con alternativas similares al de la Cámara de Representantes de E.U. Algunos en el PNP favorecen consultas con otras opciones mientras el ex gobernador Rosselló advierte además, sobre un voto castigo anti Fortuño contra la estadidad de celebrarse un plebiscito este cuatrienio.

Tanto el PIP como el PPD y otros proponen la Asamblea Constitucional como el procedimiento apropiado, aunque difieren respecto a su naturaleza. A su vez, el PIP ha anunciado que el plebiscito propuesto por Pierluisi es inaceptable.

Pero, no obstante las diferencias, existen bases suficientes para un proceso que acople los diversos intereses y perspectivas.

Los puertorriqueños, incluso aquellos estadolibristas que sostienen que sólo es necesario mejorar el actual status, postulan que la futura relación entre E.U. y Puerto Rico tiene que ser plenamente democrática, no territorial y no colonial.  También, coincidimos en que el gobierno norteamericano -independientemente de su retórica y sus informes- no actuará respecto al status a menos que nuestro pueblo lo fuerce a cumplir con sus obligaciones.  Hay que acabar con el jueguito que tienen con nosotros.  Como en Vieques hay que crearle una crisis política.

La clave para una efectiva estrategia consiste en presionar conjuntamente a E.U. para una solución y dejar en manos de nuestro pueblo la decisión en cuanto a las diferencias, tanto procesales como sustantivas.  Más aún, el problema es tan complejo que tal vez no pueda enfrentarse con una sóla votación en un sólo día.

La experiencia de décadas dicta los lineamientos generales del camino a seguir:

Primero: Para forzar a E.U. a responder es necesario que nuestro pueblo exprese, de forma contundente y abrumadora, su exigencia de que nuestro futuro status tiene que ser plenamente democrático, no colonial y no territorial.  Dicha exigencia debe expresarse mediante una consulta Sí o No en la primera parte del 2011. Ya existe el precedente de la votación unánime del 2005 en Cámara y Senado. Así todos ganamos.

Segundo: El mismo día y en votación aparte, el pueblo optará por el mecanismo procesal para resolver el status: plebiscito o Asamblea Constitucional.

Tercero: De resultar favorecido el plebiscito el camino estaría expedito para dicho mecanismo. De prevalecer la Asamblea Constitucional y ante la realidad de la actual composición parlamentaria, ésta sería convocada por ¾ partes de la Legislatura en consulta con los diversos promotores de este procedimiento.  De lo contrario la próxima legislatura la convocaría por voto mayoritario en el 2013.

Lo que proponemos es un acuerdo político solemne, un pacto de estado que de ser posteriormente repudiado conllevaría el precio del más absoluto descrédito. Nuestra propuesta no está escrita en piedra. Así se lo comuniqué al presidente del PPD e igual haré con el Gobernador. Cada cual formulará sus propuestas, pero un acuerdo está al alcance.  Lo imperdonable sería la inacción.  Hay que salir ya del laberinto del status o corremos el riesgo como pueblo de perdernos para siempre.