julio de 2000

Queridos compañeros y compañeras:

Ustedes, que están en prisión por cumplir con su conciencia, tienen que haber sentido un profundo alborozo espiritual al leer la carta que les envió recientemente el Arzobispo de San Juan, Monseñor Roberto González Nieves.

Les dijo Monseñor: "Quisiera enviar un saludo especial a nuestros nuevos prisioneros políticos, esta vez en prisión en su propia patria, por haber protestado en contra de la injusticia que se está cometiendo en Vieques en contra de nuestros compatriotas que no desean otra cosa que el respeto de sus derechos a la paz y a la libertad que necesitan para poder vivir sus vidas justamente" y luego añadió: "Con ustedes Cristo está presente en la cárcel de una manera particularmente dramática, exactamente como lo estuvo delante de Poncio Pilatos, el representante del poder colonial que no respetaba la identidad de su pueblo."

Pocas veces en nuestra historia desde que llegó a Puerto Rico el símbolo de la Cruz uno de nuestros máximos lideres religiosos se ha expresado de forma tan valiente y certera.

Para ustedes y sus familias las palabras de este hombre de Dios, pletóricas de resonancia evangélica, son un bálsamo, un consuelo. Es la voz de la ética hablando de lo trascendental, de lo que perdura. Así de importante ha sido el ejemplo que ustedes le han dado a su patria.

Sé que las palabras de Monseñor González, al igual que las del Reverendo Wilfredo Estrada recientemente frente a la cárcel, sirven para fortalecer aún más sus convicciones y para dejarles saber que la fuerza moral de lo mejor de nuestro pueblo está con ustedes.

Pero yo sé también que la cárcel es siempre difícil, siempre una experiencia dolorosa, particularmente para hombres y mujeres que luchan pacíficamente por la paz y la libertad. Yo sé de aquellos de ustedes que están enfermos y aún asi rehusan claudicar para salir en libertad; sé del hermano que ha sido trasladado a un hospital y encadenado a su cama; sé de las compañeras que son obligadas a registros que atentan contra su integridad. Sé que muchos de ustedes están arriesgando su trabajo y que muchos de sus familias tienen encarcelado a quien trae el sustento a su hogar. Sé del sacrificio y la valentía de todos y del dolor de sus familias.

Aunque no tenga honor más grande que el estar alli con ustedes, siempre los acompaño. A mí me encarcelaron por sólo seis horas aunque estuve durante todo un año interrumpiendo las maniobras. Pensaron que de esa forma se evitaban los efectos adversos en la opinión pública. Pero a ustedes optaron por encarcelarlos sin tan siquiera haberles celebrado juicio a ver si amedrentaban a la inmensa mayoría de nuestro pueblo que ansía la paz en Vieques y que apoya la desobediencia civil pacífica. Poco conocen las autoridades federales la fibra moral de nuestro pueblo. Sólo han logrado con su atropello y su perfidia la indignación de nuestro pueblo, de todos los sectores sociales y de todas las ideologías. Sólo han logrado regar el sentido de indignación por todos los rincones de Puerto Rico.

De El Pepino y Las Marías hasta Maunabo y Yabucoa, de Mayagüez a Humacao y Vieques y de Ponce a San Juan nuestro pueblo ha visto el espectáculo abusivo de hombres y mujeres decentes, respetados en sus comunidades y sus pueblos, encadenados y con grilletes en sus manos y sus pies, sacados de sus hogares frente a familiares y amigos. Algo tiene que estar muy mal en un sistema que permite este tipo de abuso. Luego han visto a una corte de los Estados Unidos en Puerto Rico, nombrada por un presidente extranjero, negándose a señalar juicio por semanas para mantener encarcelados sin haber sido juzgados a más de la tercera parte de nuestros candidatos a alcaldes, senadores y representantes.

Si estos atropellos se dieran en cualquier otro lugar del mundo a tres meses de unas elecciones, el gobiemo de los Estados Unidos, que es el que comete los atropellos en Puerto Rico- clamaría a los cuatro vientos por esta grosera violación de los derechos humanos.

Pero, mis queridos compañeros y compañeras, ya el mundo está sobre aviso. Ya el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas en votación unánime por primera vez en décadas y la Intemacional Socialista han condenado estas violaciones a los derechos humanos. Y Monseñor González ha recogido la protesta moral de nuestro pueblo en su epístola. Se han quedado solos nuevamente las autoridades federales y aquellos líderes que aplauden al Tribunal Federal poniendo así en riesgo los derechos de todos los puertorriqueños.

Ustedes deben sentirse profundamente satisfechos porque han ayudado a iluminar la ruta de nuestro pueblo. Muchos se quejan de la falta de valores en nuestro país. Ustedes han respondido a ese clamor. No se trata ya de uno u otro caso aislado. Se trata de más de un centenar de hombres y mujeres de todo Puerto Rico que han dado ejemplo de sacrificio y heroismo. Yo me siento orgulloso de presidir el Partido al que ustedes pertenecen y estoy seguro que los puertorriqueños que se respeten a sí mismos están orgullosos de tener compatriotas como ustedes.

Ustedes son los "nuevos prisioneros políticos", como los llamó el Arzobispo González Nieves. Ese es un título honroso y ustedes se lo han ganado. Estoy seguro que tanto en la cárcel como cuando estén de vuelta a sus pueblos seguirán dando testimonio de reciedumbre moral y patriótica para que, usando las palabras de Monseñor González "nuestra querida patria encuentre la libertad, la justicia y la paz que es el don de Dios a todos los pueblos y las naciones creadas por Él".

Reciba cada uno de ustedes un abrazo de su compañero y amigo que tan orgulloso se siente de todos.

 

Rubén Berríos Martínez