75 Años Rumbo a la Libertad 

Rubén Berríos Martínez

Presidente

Partido Independentista Puertorriqueño

 

            En la música se llama “Leitmotiv” a la melodía que se va repitiendo y desarrollando a lo largo de toda la composición. 

            De similar manera, al cumplir el PIP 75 años de fundado, es ocasión propicia para reiterar las ideas esenciales que definen nuestro partido. Ha escrito el Premio Nobel Andrés Gide: Todas las cosas ya se dijeron, pero como nadie escuchaba (salvo los independentistas), hay que repetirlas”.

            Los seres humanos hacen su historia, pero condicionados por poderosas fuerzas, muchas apenas perceptibles, de la misma manera que las corrientes y los vientos determinan la ruta y el tiempo que tomará a un velero llegar a su destino. Así sucede con el PIP que, comprometido con la justicia social y los derechos humanos, se fundó para hacer realidad la independencia a través de lo que don Gilberto Concepción de Gracia llamó: “el camino menos doloroso” de la lucha civil.

            En esa lucha los grandes acontecimientos mundiales y continentales afectan nuestro destino independientemente de nuestra voluntad. Advirtió de Diego que PR es “parte de la bola del mundo”.

            El siglo XX puertorriqueño estuvo determinado por una corriente que nos arrastró ineludiblemente: el interés geopolítico militar y económico de EU. Desde 1898, nuestra voluntad siempre ha sido de menor importancia en la ecuación imperial. 

            Al presente, como demostró Vieques, luego de la Guerra Fría, en tiempos de sistemas y armamentos impensados, la utilidad estratégica militar de PR es cosa del pasado. Los días del colonialismo, antidemocrático por definición y repudiado por la mayoría de los puertorriqueños están contados; la quiebra, el exilio masivo, el caso Sánchez Valle y la Ley Promesa son las manifestaciones más burdas del colonialismo que perdió su viabilidad y utilidad aunque en EU no exista todavía voluntad suficiente para desahuciarlo. Además, es la puerta abierta a la estadidad que EU tiene que cerrar por ser contraria a su naturaleza de federación unitaria no multinacional donde independientemente de minorías étnicas, ningún estado constituye una formación nacional.

            La estadidad –colonialismo con otra máscara para una nación latinoamericana y caribeña– es un fantasma y un mito por ser contraria a los intereses nacionales de EU debido a razones políticas, económicas, sociales y otras. Son las que subyacen y comprueba la actitud renuente y negativa del liderato congresional, demócrata y republicano, luego del plebiscito del 2020.

            Reitero: Ayer Lares, hoy Vieques, mañana Puerto Rico.

            Lo que sí ha estado bajo nuestro control es mantener contra vientos y tempestades el velero que nos llevará a la Tierra Prometida. 

            EL PIP se fundó el 20 de octubre del 1946 cuando, iniciada la Guerra Fría, EU reafirmaba su dominio sobre PR; época de persecuciones y chantajes imperiales, de claudicaciones y colaboración nativa y también de valor y sacrificio patriótico. Nuestros fundadores resistieron el vendaval y quizás lo más difícil de superar, la frustración.

De ahí su gran lección: en nuestra lucha lo imprescindible es la perseverancia, la dedicación, casi siempre a la sombra. ¡Quien lucha por la independencia sin aspirar al reconocimiento es, como las estrellas más lejanas que ni siquiera se ven, sol radiante en el firmamento de la Patria!

            Sabían también nuestros fundadores que tiempos y circunstancias cambian. Acontecimientos aparentemente aislados, energías dormidas, van madurando hasta que despiertan y cristalizan. Lo expresó hermosamente Juan Ramón Jiménez: "Las cosas están echadas/mas de pronto se levantan/y en procesión alumbrada/se entran cantando en mi alma".

            Respecto a nuestra independencia también "las cosas" empiezan a levantarse. Lo demuestra el histórico resultado de las pasadas elecciones. De ahí que ya se perfila una cruda campaña anti PIP. En frase mal atribuida a Cervantes, “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos” y en la bien atribuida a de Diego “de tanto recorrer los mares, tengo la frente acostumbrada a la tormenta”.

            La independencia se confirma como la solución natural al colonialismo. Es necesaria para unirnos al mundo y, mediante el ejercicio de los poderes y flexibilidad que brinda la plena soberanía, lograr un verdadero desarrollo económico. Eso, como lo comprueba la realidad, no lo puede proveer la impotencia y la subordinación colonial. Tampoco la estadidad que, constreñida por la camisa de fuerza de la uniformidad fiscal y el federalismo estadounidense, nos destinaría a mayor dependencia, a convertirnos en un gueto tropical.

            Es, pues, más adecuada que nunca nuestra estrategia para la descolonización y desarrollo económico: lograr que PR y EE.UU. se enfrenten a la suprema definición albizuista, “Yanquis o Puertorriqueños”. Ese es el camino. Hay que forzar al gobierno estadounidense a responder a los reclamos descolonizadores de nuestro pueblo. Como en Vieques, hay que presionar desde PR, desde la diáspora e internacionalmente por todos los medios disponibles.

            En PR tenemos que constituir un gobierno que se atreva causarle a EU una crisis política; eso no lo han hecho ni lo harán el PPD ni el PNP, cuyos lideratos están consumidos por la gula presupuestaria.

            Para constituir ese gobierno es necesario el respaldo electoral de los que, independientemente de preferencias de estatus, ansían la descolonización y de los que demandan un gobierno honrado y eficiente. De ahí que durante décadas hemos propuesto una Asamblea de Estatus. El programa de Patria Nueva es su versión actualizada. 

            Esa Asamblea –o proceso análogo– estaría compuesta por delegados electos de las alternativas descolonizadoras donde el PIP, por supuesto, defenderá la independencia. Asentada en la libre determinación se convocaría luego de las elecciones y continuaría hasta resolver el estatus en negociación con el gobierno estadounidense y en consonancia con la voluntad del pueblo.

            Al final de ese camino, cuando se conozcan las condiciones y procesos de transición de las alternativas disponibles, el interés mutuo prevalecerá y triunfará la independencia. Para EU, que en palabras de don Pedro, siempre “consultan su conveniencia”, la estadidad es contraria a sus intereses; y, para Puerto Rico, en palabras del senador Moynihan: “A fin de cuentas… ¿Quieren los puertorriqueños convertirse en americanos? Porque eso es lo que implica ineludiblemente la estadidad ¿O quieren preservar una identidad separada?”.

            Los puertorriqueños, ante todo, somos y queremos seguir siendo puertorriqueños. Triunfará la nacionalidad puertorriqueña, antillana y latinoamericana, flor que crece silvestre aún en la tierra infértil del dominio extranjero, pero que no puede florecer plenamente ni en los sótanos de la colonia ni en los museos folclóricos de la anexión.

            Al conmemorar nuestra fundación, aquí estamos rumbo a la Tierra Prometida; tocando el mismo cielo, constantes, perseverantes. Nuestra obligación es honrar nuestro partido como legado invaluable de nuestros fundadores y fortalecerlo con tesón, lealtad y cariño, conscientes como Martí que: “Mientras todo no esté hecho nadie tiene derecho a descansar”. 

            Repetimos con don Gilberto: “¡A la lucha y a la Victoria!”.